DEMASIADA CONFIANZA Y POCA SERIEDAD OFICIAL EN LA RENEGOCIACIÓN DEL TLCAN

El señor Ildefonso Guajardo, Secretario de Economía, puso como prueba de su habilidad negociadora del TLCAN, su seguridad de que si no logra acuerdos benéficos al interés nacional en la renegociación del TLCAN, el Congreso Mexicano los rechazará.

Esa fue una apuesta inteligente, porque si hubiera puesto su cargo de Secretario en prenda, ya estuviera fuera del gabinete presidencial. Después que la primera renegociación del volumen de venta de azúcar refinada mexicana a Estados Unidos, no solo no aumento, sino se desplomó en un 40%, al disminuir de 500 mil a 300 mil toneladas de azúcar por año.

La cultura de sumisión que prevalece en nuestros funcionarios, frente a la cultura arrogante y abusiva de los políticos y empresarios del país vecino, justificada en que, perderían más los agricultores norteamericanos, si se cancela el TLCAN, porque México y Canadá compramos la producción de exportación de productores de 35 de 50 estados de la Unión Americana, solo demuestra los errores en la conducción de la política económica de México.

En el contexto de nuestro negociador estrella, no figuran los productores rurales y sus organizaciones, tampoco cuentan los principios de soberanía y seguridad alimentaria de nuestro Estado Nación, mucho menos los principios éticos de distribución equitativa de la riqueza, contemplados en la Legislación. Lo único que cuenta es el interés de los coyotes, convertidos por resolución oficial en agro empresarios rentables, que con el apoyo del gobierno federal tienen un crecimiento económico anual superiores al 10% anual en cualquiera de los rubros de la economía primaria, secundaria o de servicios, gracias a la súper explotación protegida de obreros, campesinos, jornaleros.

El gobierno federal no se ha dado cuenta que sin proyecto nacional agropecuario, no hay futuro para México, el largo abandono o descuido en que se ha mantenido el sector agropecuario no favorece el desarrollo nacional aún con las capacidades productivas y disponibilidad de materias primas para la producción industrial.

Los fuertes subsidios del gobierno norteamericano para sus productores rurales, contrasta con las fuertes restricciones presupuestales que impone el gobierno federal mexicano al sector agroalimentario del país, con reducciones del 35% a los de por si raquíticos y desorientados programas de apoyo a los campesinos mexicanos.

Poner la negociación del TLCAN en manos de los empresarios privados, no garantiza que sus intereses particulares coincidan con los intereses de los campesinos y mucho menos con los propósitos y necesidades de los mexicanos.

La diversificación de mercados internacionales es una vieja tarea no atendida por las autoridades nacionales. Las posibilidades de alcanzar otros mercados de consumo para colocar los excedentes productivos, así como promover los productos no tradicionales, que son fuente importante de divisas, debería ser la parte sustantiva del trabajo de la Secretaría de Economía, en lugar de estar rogando al Sr. Trump que conceda la renegociación del TLCAN. Las necesidades del mercado mundial pueden ser satisfechas con muchos productos mexicanos. Urge cambiar de ruta comercial.

Al interior del país, urge construir una política integral para el desarrollo agroalimentario nacional que hace 30 años no tenemos. Basta ya de improvisaciones o de copiar modelos de desarrollo de otras naciones. El momento impone crear una verdadera política agroalimentaria con base en las necesidades y capacidades del país y de nuestros productores.


Gracias.

Cd de México a 20 de junio de 2017

 

José Jacobo Femat

Presidente Nacional de la

Central de Organizaciones Campesinas y Populares (COCYP)